En la exhibición Esquemáticos, por ejemplo, Amor representa los esquemas de diferentes circuitos eléctricos con bordados hechos con hilo conductor y otros componentes electrónicos. La gracia es que cada uno de los modelos realmente funciona, como el de un sensor del ritmo cardíaco que activa luces LED y sonidos al ritmo del pulso.
Para realizar este tipo de trabajo se emplean materiales distintos al de un circuito típico, que es rígido y por lo tanto más frágil. Los textiles electrónicos, gracias al uso de hilos, telas y placas especiales, se pueden vestir, lavar y estrujar sin dañarse.
En el video -que muestra los talleres de textiles interactivos que Amor Muñoz realiza en México- puedes ver una selección muy interesante de su trabajo.
La tecnología Arduino facilita la creaciones de textiles electrónicos al ofrecer un plataforma de software y hardware libre fácil de usar. Una placa Arduino (como la Lilypad, diseñada especialmente para labores textiles) puede ser programada para recibir diversas señales del entorno físico y reaccionar a ellas prendiendo y apagando lucecitas, activando sonidos o haciendo funcionar motores. Por ejemplo, con Arduino se podría diseñar una prenda de ropa que dispare una alarma sonora cuando la temperatura corporal supera el rango normal.
Si lo pensamos bien, todos los amigurumis tienen algo surrealista. Pero los de Makoto Kitazawa van al extremo de esa afirmación. ¿No les parecen personajes de un animé japonés? ¿Algo que viene del espacio exterior, tal vez? Yo, que le temo a los extraterrestres (?), siento mucho nervio al mirar algunos de sus muñecos.
No es sólo por las formas fantásticas de estos amigurumis que el trabajo de este artista japonés me gusta tanto. Su técnica es impresionante. Miren cómo moldea las piernas, cómo cada dedo de la mano se ve tan real y cómo todo se sostiene exactamente en el lugar que debe estar.
Fuente: Makoto Kitazawa
Fuente: Makoto Kitazawa
Mis amigurumis favoritos son los más pequeños. Esos que teje con un hilo delgadísimo y le permite darle detalles más delicados a cada uno de ellos.
Fuente: Makoto Kitazawa
En el video pueden ver una selección muy interesante de la obra de este artista. Como para no tejer conejitos nunca más en la vida.
A través de la técnica del crochet escultural, los objetos y joyas de Ulani parecen algo que el mar arrastró: un coral desprendido o una planta que no creció en la tierra. Una cosa que nadie construyó, sino que se hizo sola como un hongo, un rey rata o un ser del espacio exterior.
Lana Bragina teje estas pequeñas esculturas con algodón o lana. Obviamente, ninguna es igual a la otra, pues me da la impresión que las va tejiendo en el momento, aunque probablemente nacen más de la planificación y del detalle que de la espontaneidad. Independiente de su origen, lo que me gusta de estas piezas es que parecen que siempre estuvieron ahí o se formaron a través de los años gracias a la fotosíntesis o qué sé yo.
Largas, frías y escamosas. ¿Cómo representar serpientes con materiales suaves y cálidos como la lana o el fieltro? Los ofidios también inspiran manualidades (chúpense esa, gatitos) y esta es una selección de ellas.
Maca Ahumada crea punto a punto estos muñecos detrás del proyecto Santo Crochet. Si lo puedes pensar, lo puedes tejer, dice en el sitio web donde exhibe sus creaciones (que también puedes comprar). Y sí, tiene la capacidad de tejer lo que se le ocurra, desde Mafalda a unos novios jedis surfistas (?).